Condena

Es ya la centésima noche desquiciada que agregas a tu vida, motivo de ese rencor interno, del deseo de borrar aquella horrenda imagen que destrozó tu vida por la cual te motiva a buscar este triste camino, de nuevo como en las salidas anteriores mezclas las bebidas, inicias la tarde tomando cerveza, llegas al bar pidiendo vodka, cambias de bebida y pides un martini, sigues la noche con lo que ellos te inviten, finalmente pagaran por lo que desean.
Te luces en el lugar sabedora de tu belleza, reconoces bien la situación, sabes muy bien lo que tu cuerpo provoca, lo que en los ojos de todos aquellos que posan su mirada en ti tienen en mente e inicias el juego, recorres con la vista el lugar, los seleccionas, decides quien será el elegido y aceptas la invitación, no sin antes haber esparcido lujuria y deseo por el lugar moviendo tus caderas, llamando la atención, provocando a quien te observa a la lejanía.
Tu actitud es soberbia, la vida no ha sido amable contigo, tus sentimientos fueron destrozados de un solo golpe, fuiste engañada al entregar aquello tan valioso para ti, viviste cegada a ese cariño, a esa lealtad, tu condición de Angel protector cambió por completo, te arrancaron las alas sin siquiera preguntarte, por eso el deseo de venganza, de odiarlo tanto como lo quisiste en aquel tiempo, de hacerle sentir lo que sentiste en ese momento.
Y pides un whisky -Buchanan’s soda diría él-, y luego un brandy, acompañas a tu elegido con un tequila, vas perdiendo el control, te retiras al baño para de nuevo tomar energía, aspiras ese polvo que te pone de nuevo al mando, con una sola idea en la mente, destruir ese sentimiento que parece impregnado en tu alma y que no te deja vivir tranquila, pides una botella de tinto -Casa Madero Cabernet como lo hacíamos de costumbre-, la terminas completa, tu lujuria con su recuerdo también se ha puesto a tope…
Así pues te entregas al momento, es solo un instante, solo desea tu cuerpo y es todo lo que obtendra, sientes sus manos recorrerte completa, te sientes cubierta de la suciedad que te provocan, pero no lo detienes, tus ojos extraviados observan su gesto de lujuria, a él también le importa un bledo lo que sientas, tiene lo que ha deseado esa noche, te tiene a ti, a ese cuerpo delicioso que se fue ofreciendo en la noche y que ya en este instante no presenta ninguna resistencia.
Te lleva a otro sitio -tal cual como lo hara Él con sus amantes piensas-, pero esta no es una cita romántica, es sexo pleno lo que siempre buscan, y es ello lo que encuentran, apenas ha cerrado la puerta de la habitación te despoja de tu ropa, la desprende con furia, te desnuda plena y sus caricias se tornan duras, rispidas, violentas, besa tus pechos, los muerde con fuerza, se desnuda rápidamente y te postra en la cama del lugar, tú estas perdida, extraviada, los martini Cosmo que tomaste al final parece haber rendido efecto, tu mente viaja hacia Él, hacia su recuerdo, ese maldito recuerdo que deseas desechar, pero que aparece como tatuado en la memoria, los momentos compartidos, los instantes, las palabras, el sublime encuentro de los cuerpos que te hizo llegar a tocar el Cielo con las manos, su compañía, su complicidad, elementos todos que te impiden olvidarlo, por más que tu mente con fuerza desee hacerlo, por más que tu sexo reciba con furia a otros hombres, tal cual como hoy entregas tu cuerpo…
Abre tus piernas con fuerza, se introduce completo, sientes su sudor, su saliva cubriéndote, pero no te importa, pareciera que con ello fueras desprendiéndote de lo que Él marco en ti, toma tus piernas con todo el deseo que le has provocado en la noche, te voltea de espaldas, te penetra, te parte en dos con su sexo, hasta que lo sientes descargar su pasión dentro de ti, gime, grita, su cara se torna rojiza, pero tu no expresas nada, en un momento pierdes la razón, prefieres que tu mente abandone el lugar, no saber que sucederá más allá de lo que has sentido, has logrado tu cometido de la noche, diversión, exceso, venganza, olvido…
Y así regresas a los momentos que te llenaron de energía, que te hicieron vivir la más grande fantasía, instantes en donde saberte amada, deseada, querida era lo único que importaba y como tal entregabas tu alma sin duda, detalles, caricias, recuerdos que te devuelven a un mundo con luz, con vida, una vida que perdiste en aquel momento, cuando descubriste al estafador camaleónico que jamás imaginaste sería…
Amanece, el cuarto en desorden, ¿tu compañero? Que importa, ya se retiro, descargo su deseo en tu cuerpo y jamás lo volverás a ver, como todos aquellos que han pasado por tu existencia desde aquel día, tomas una ducha, deseas limpiarte completo de nuevo de lo que te dejo la noche, la resaca te lo recuerda, la cabeza parece explotar, y tu sexo duele, pero no más que el odio que genera lo que aún sientes por Él, la imposibilidad de olvidarlo y sentir furia hacia tu persona por ello, por no poder desprenderte de todos esos sentimientos acumulados que como loza cuelgan de tu existencia, una existencia tan negra como la oscuridad en la que te ha dejado.
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